Hay tragedias que no solamente deberían provocar indignación. Deberían obligarnos a preguntar qué pudo hacerse antes para evitarlas.
El caso de Karla Pérez, de 22 años y estudiante de Medicina en Jalisco, es uno de ellos. Karla desapareció el 14 de septiembre y posteriormente fue localizada sin vida. La Fiscalía de Jalisco señala como presunto responsable a un joven de 23 años que habría acudido a prestarle un servicio de transporte privado solicitado mediante una plataforma, a bordo de una motocicleta.
Karla confió en una plataforma. Nunca imaginó que terminaría subiéndose a una motocicleta conducida por quien, presuntamente, terminaría arrebatándole la vida.
Y aquí comienza la pregunta que las autoridades tienen que responder.
La Secretaría de Transporte de Jalisco acaba de pedir a usuarios, conductores y empresas que no utilicen ni ofrezcan motocicletas para transportar pasajeros, porque esta modalidad no está permitida en el estado. Pero lo verdaderamente preocupante es otra cosa: ésto no era desconocido para la autoridad.
Desde meses atrás se habían realizado operativos y retirado motocicletas que prestaban este servicio. Incluso la autoridad había informado que se había pedido formalmente a las plataformas retirar esta modalidad.
Entonces, ¿cómo es posible que siguiera ocurriendo?
¿Por qué tuvimos que enterarnos de la dimensión del problema después de la muerte de una joven?
No basta con decir ahora que está prohibido. Hay que explicar qué falló en la supervisión, qué responsabilidad tienen las plataformas y por qué una modalidad que la autoridad dice que no está autorizada continuaba disponible para los usuarios.
Este caso debería ser un punto de partida para revisar estos servicios en todo México: ¿quién los ofrece, quién los supervisa, qué filtros existen para los conductores? y, sobre todo, ¿qué está haciendo la autoridad para impedir que vuelvan a operar fuera de la ley?.
Porque el “hubiera no existe”, pero… quizá una regulación y una supervisión efectiva habrían significado que Karla no viajara en una motocicleta. No podemos saber si eso habría evitado la tragedia. Pero sí podemos exigir que algo así no vuelva a ocurrir.
Su hermano escribió que finalmente pudo devolverla a casa, “aunque no de la manera en que hubiera querido”.
Y esa frase debería dolernos a todos.
Qué pesar que Karla se subió a una motocicleta confiando en un servicio y terminó en manos de alguien que, en sentido figurado, también tenía una licencia para matar.
Que en paz descanse Karla.
Ahtziri Cárdenas Camarena


