Lo viví en el Estadio Jalisco, con la piel erizada y el corazón a mil. Era aficionada (y lo sigo siendo, de hueso colorado), y México era el centro del mundo. A menos de dos semanas de que arranque el Mundial 2026, me pregunto: ¿dónde quedó esa algarabía?
Este será mi tercer Mundial presencial. El primero fue “México ‘86”, como aficionada. El segundo fue “Rusia 2018”, como periodista enviada especial de Noticias Univisión. Y éste lo viviré desde Guadalajara, mi ciudad natal, como corresponsal internacional, cubriendo los 39 días que dure el torneo. Los demás mundiales los he seguido, como la mayoría, desde el sillón de casa y frente a la televisión.
Pero algo se siente distinto. Muy distinto.
El Mundial 2026 se jugará en tres países: México, Canadá y Estados Unidos, una sede compartida que repartirá sus 104 partidos. México tendrá 13 repartidos en tres ciudades: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Canadá también recibirá 13 partidos repartidos entre Toronto y Vancouver. Y Estados Unidos albergará la mayoría de los partidos: 78 en once ciudades, entre ellas Nueva York-Nueva Jersey, Los Ángeles, Dallas, Miami, Atlanta, Seattle, Houston, Boston, Filadelfia, Kansas City y el Área de la Bahía de San Francisco. Allí se disputarán las fases decisivas del torneo, incluidas las semifinales, el partido por el tercer lugar y la gran final. Es una organización monumental, sin duda, aunque también diferente a lo que vivimos cuando un solo país era el corazón del evento.
No hay la misma emoción en las calles. No hay esa explosión colectiva que vivimos en el ‘86, cuando México entero se vistió de verde y el fútbol era de la gente. Hoy los aficionados han tenido que batallar para conseguir boletos. Los precios son muy altos y el proceso de compra ha sido complicado para muchos.
Y hay algo más que extraño profundamente de aquella época: en México ‘86 uno podía saber cuándo llegaban las selecciones, qué recorrido harían por la ciudad, en qué hotel se hospedarían. Recuerdo vívidamente haber ido con otros aficionados a cantarle Cielito Lindo a la selección de Brasil en un hotel sobre la Avenida López Mateos, en Guadalajara. Eso era el fútbol: cercanía, emoción, pueblo y selecciones compartiendo la misma ciudad.
Hoy, por razones de seguridad que entiendo y respeto, las autoridades no revelan nada: ni cuándo llegan los equipos a las ciudades sede, ni qué recorrido harán, ni dónde se hospedarán. Sólo dónde entrenarán. Es una realidad muy distinta y, aunque la comprendo, no puedo evitar sentir que algo se perdió en el camino.
Entiendo que los tiempos cambiaron. La seguridad es otra, la logística es otra, el mundo es otro. Pero hay algo que no debería cambiar nunca: el fútbol le pertenece a quien lo siente.
El Estadio Jalisco en 1986 era eso: miles de corazones latiendo al unísono, el aficionado en la calle. Hoy, en 2026, me temo que muchos de esos corazones verán el Mundial desde casa, no porque no quieran ir, sino porque no pudieron.
Yo viví un Mundial que era para la gente.
Este es un Mundial para la FIFA.
Ahtziri Cárdenas Camarena.

