EL VERDADERO PARTIDO QUE VINO A JUGAR EL REY DE ESPAÑA EN GUADALAJARA

Más allá de los 90 minutos del partido entre España y Uruguay, la visita del rey Felipe VI a Guadalajara deja una lectura mucho más profunda.

En política internacional los símbolos importan. Y la presencia del jefe del Estado español en México ocurre después de años de una relación marcada por la tensión. Todo comenzó con la carta enviada en 2019 por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador para solicitar que España ofreciera disculpas por los agravios de la Conquista. Tres años después, el 9 de febrero de 2022, llegó aquella frase que dio la vuelta al mundo: “vamos a poner en pausa” la relación entre ambos países.

Hoy el escenario es distinto.

Nunca sabremos qué pesó más o qué fue primero: la invitación de la presidenta Claudia Sheinbaum o la del gobernador Pablo Lemus. Lo cierto es que Felipe VI estuvo en Guadalajara y ese gesto, por sí mismo, envía un mensaje de normalización diplomática. Las relaciones entre dos países no se sostienen únicamente por la historia; también dependen del comercio, la inversión, la cooperación y la confianza.

Tampoco pasó desapercibida la ausencia de la reina Letizia. Su historia con Guadalajara es conocida desde mucho antes de convertirse en integrante de la Casa Real. Durante un intercambio académico con la Universidad de Guadalajara colaboró en el entonces periódico Siglo 21, en el suplemento Tentaciones, experiencia que la acercó al mundo del periodismo y los espectáculos. Con los años surgió una versión que nunca ha sido confirmada oficialmente: que ella habría posado para la portada del disco Sueños Líquidos de Maná. Su presencia en Guadalajara inevitablemente habría reavivado esa historia. Más allá de la anécdota, una visita de ambos monarcas habría enviado un mensaje simbólico todavía más fuerte sobre la nueva etapa en la relación entre México y España.

Hay otro elemento que vale la pena observar. Una visita oficial de menos de 48 horas implica un enorme despliegue logístico: el traslado del avión de la Casa Real, un operativo de seguridad de alto nivel y una importante inversión de recursos. Solamente el costo de mover una aeronave oficial a través del Atlántico, junto con el dispositivo de protección que acompaña al jefe del Estado español, representa una operación de gran escala.

Resulta difícil pensar que todo ese esfuerzo se explique únicamente por asistir a un partido de fútbol.

Por supuesto, el Mundial fue el motivo visible de la visita. Pero la diplomacia suele aprovechar los grandes eventos internacionales para enviar mensajes que trascienden el deporte. Y el mensaje que deja esta visita parece claro: México y España, en Guadalajara, vuelven a encontrarse en un momento en el que la cooperación, la inversión y el diálogo resultan más útiles que la confrontación.

Quizá la mayor enseñanza es otra: en un mundo cada vez más interconectado, los países pueden tener diferencias, pero difícilmente pueden darse el lujo de permanecer “en pausa”. Si esta visita representa el inicio de una nueva etapa de cooperación entre México y España, especialmente en materia de inversión y desarrollo para estados como Jalisco, entonces el verdadero partido que se jugó en Guadalajara fue mucho más importante que el que ocurrió sobre la cancha.

Los mundiales duran un mes; la diplomacia, décadas. Quizá el verdadero partido que vino a jugar el rey de España no estaba en el césped del Estadio Guadalajara, sino en el terreno de las relaciones entre dos países que, por historia, cultura, idioma y economía, difícilmente pueden darse el lujo de permanecer en pausa.

Y al final, tengo la impresión de que fue Jalisco, más que el Gobierno federal, quien terminó operando este acercamiento.

Ahtziri Cárdenas Camarena.