HUACHICOL: EL NEGOCIO QUE NADIE PUEDE O ¿QUIERE? DETENER

Durante años nos hicieron creer que el robo de gasolina era obra de unos cuantos hombres perforando ductos en la madrugada.

Como si millones de litros de combustible simplemente desaparecieran por arte de magia.

Hoy sabemos que esa historia siempre fue demasiado simple.

Y es que el negocio también evolucionó. Hoy ya no sólo se habla de huachicol, sino de huachicol fiscal, un esquema mediante el cual combustible es introducido al país con documentación presuntamente alterada o con declaraciones falsas para evadir el pago de impuestos. Es decir, el daño ya no consiste únicamente en robar gasolina de los ductos, sino también en defraudar al fisco mediante operaciones mucho más sofisticadas.

Porque una cosa es perforar un ducto.

Otra muy distinta es transportar el combustible, almacenarlo, distribuirlo y venderlo durante años sin que nadie lo vea… o sin que nadie quiera verlo.

Eso sí resulta difícil de creer.

Durante mucho tiempo se habló del huachicol como si fuera únicamente un problema de crimen organizado. Hoy sabemos que el fenómeno es mucho más complejo. Ya no se trata sólo de tomas clandestinas, sino también de redes de contrabando, empresas fachada, documentos alterados y evasión de impuestos.

El negocio evolucionó.

Y, al parecer, también quienes participan en él.

Las autoridades han informado que el robo mediante tomas clandestinas ha disminuido respecto de años anteriores. Es una buena noticia. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿realmente disminuyó el delito o simplemente cambió de modalidad?

Porque el combustible robado no se mueve solo.

Alguien lo compra. Alguien lo transporta. Alguien lo almacena. Alguien lo vende. Y alguien obtiene ganancias millonarias.

Durante años escuchamos que la ubicación de los poliductos era información estratégica.

Curiosamente, quienes perforaban los ductos parecían conocer con precisión dónde estaban y hasta los horarios en que circulaba el combustible.

Demasiadas coincidencias. Lo verdaderamente preocupante no es únicamente quién roba la gasolina.

Lo preocupante es preguntarnos quién permitió que este negocio creciera durante tantos años hasta convertirse en uno de los delitos más rentables del país.

Porque el huachicol nunca fue solamente gasolina robada.

El verdadero combustible de este negocio siempre ha sido la impunidad.

Ahtziri Cárdenas Camarena