¿QUIEREN PROTEGER A LAS AUDIENCIAS… O REGULAR A LOS MEDIOS? EMPEZAR POR LA RADIO Y LA TELEVISIÓN ES EMPEZAR POR EL LUGAR EQUIVOCADO

Hoy no escribo como periodista. Escribo como radioescucha, como televidente y como una ciudadana que cree en el derecho de las audiencias… pero también en el sentido común.

El Gobierno de México anunció una consulta pública para elaborar los lineamientos generales de protección de los derechos de las audiencias. La intención puede ser buena.

El problema es que, otra vez, pareciera que estamos empezando por el lugar equivocado.

Entiendo que se quiera distinguir con claridad cuándo un contenido es información y cuándo es opinión. Lo que no comparto es que ese, sea hoy el principal problema de la comunicación en México. Porque si de verdad queremos combatir la desinformación, basta con mirar hacia donde ésta circula con mayor velocidad: ¡las redes sociales!

Ahí fue donde vimos, hace apenas unos meses, sí, aquel terrible 22 de febrro, cómo en cuestión de minutos comenzaron a difundirse versiones falsas que sembraron miedo, aún más, entre miles de personas. Hubo quienes aseguraban que un avión se incendiaba en la plataforma del aeropuerto de Guadalajara.

Ese fue un claro ejemplo de cómo la desinformación ya no nace, necesariamente, en la radio o en la televisión. Nace en plataformas donde cualquiera puede publicar cualquier cosa sin el menor filtro.

Mientras tanto, la radio y la televisión abiertas ofrecen algo que muchas veces olvidamos: diversidad. En México existen decenas de estaciones y canales con distintas líneas editoriales. Si una audiencia considera que un medio perdió credibilidad, simplemente cambia de estación o de canal. Y si una persona considera que fue afectada por información inexacta, existen mecanismos como el derecho de réplica para exigir una corrección.

Por eso me pregunto si no estamos confundiendo el diagnóstico.

Porque proteger a las audiencias no debería consistir únicamente en imponer nuevas reglas a quienes ya están sujetos a obligaciones legales y éticas.

La verdadera discusión tendría que ser cómo enfrentar la desinformación donde hoy más daño provoca. No donde resulta más sencillo regular.

Al final, todos somos audiencias. Todos escuchamos radio. Todos vemos televisión. Y prácticamente todos consumimos redes sociales.

Si de verdad queremos proteger el derecho de las audiencias, quizá primero habría que mirar hacia el lugar donde la mentira viaja más rápido que la verdad.

Porque una regulación mal enfocada puede dar la impresión de que se está actuando… cuando el problema sigue exactamente donde empezó.

Ahtziri Cárdenas Camarena